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Naza ("No other land"), documental, el genocidio de Gaza desde una sala de exterminio con aire acondicionado 

Naza ("No other land"), documental, el genocidio de Gaza desde una sala de exterminio con aire acondicionado 
 

Naza ("No other land"), en Venecia 2026 el genocidio de Gaza desde una sala de exterminio con aire acondicionado. 10 septiembre 2026 

 

Documental. "No other land". Por Basel Adra, Hamdan Ballal, Yuval Abraham, Rachel Szor. ENG/ESP. 25 enero 2025 ¿De qué narrativa hablamos? Es una historia que lleva la firma israelí, no la de los propios palestinos. Aquí radica el problema central: el palestino no es quien narra su propio dolor, sino que es el israelí quien le otorga legitimidad dentro del espacio cinematográfico occidental. Esto refleja claramente cómo se trata la cuestión palestina desde una perspectiva colonial, incluso en el contexto de la solidaridad. El palestino siempre se retrata como una víctima que necesita a alguien que lo defina, que traduzca su sufrimiento a un lenguaje que Occidente entienda, y este lenguaje solo puede ser el del propio colonizador.

 

Venecia 10 septiembre 2026. Los directores de No Other Land conmocionan Venecia con un soberbio y demoledor documental sobre el modelo sistemático de aniquilación del pueblo palestino contado por miembros del propio ejército israelí. "La definición que dio Netanyahu en los 80 sobre terrorismo es la que él mismo aplica ahora sobre Gaza", dicen los directores.

El documental se titula 'NAZA', como el acrónimo de "daños colaterales" que la inteligencia israelí emplea para referirse a las previsibles víctimas civiles de un ataque aéreo. Oscar 2025 al mejor documental ha causado conmoción en el Festival de Venecia, donde su proyección consiguió el récord de 24,5 minutos de aplausos.

La película se basa en las investigaciones publicadas entre 2023 y 2025 por el medio israelí-palestino '+972 Magazine', el portal en hebreo 'Local Call' y 'The Guardian'. 

Hasta ahora, el récord de aplausos lo ostentaba la directora tunecina Kaouther Ben Hania con 'The Voice of Hind Rajab', ambientada en Gaza y centrada en la muerte de una niña de 6 años abatida por el fuego del Ejército israelí cuando intentaba huir de Ciudad de Gaza con su familia. La película, que se estrenó el año pasado en Venecia y fue una de las elegidas en la lista de Mejores películas de 2025 de 'Euronews Culture', provocó una ovación en pie de 22 minutos.

Yuval Abraham  y Rachel Szor en la presentación de Naza en Venecia.
Yuval Abraham y Rachel Szor en la presentación de Naza en Venecia.STEFANO RELLANDINIAFP
 

De noche, en silencio. En 2024, el documental No Other Land, firmado a ocho manos por dos directores palestinos (Basel Adra y Hamdan Ballal) y dos israelíes (Yuval Abraham y Rachel Szor), conmocionó al mundo. La película narraba con una precisión muy cerca del vértigo, o del espanto, el acoso al que el ejército israelí sometía y aún somete al pueblo palestino en Cisjordania. "Desde entonces, las cosas han empeorado incluso", comenta Yuval. Se estrenó en 2024 y el Oscar fue solo el último de múltiples reconocimientos para un cinta que es ya icono.

Naza, recién presentada en Venecia, viene firmada únicamente por la pareja de cineastas israelíes. No es casualidad ni síntoma de ruptura alguna. El argumento es el motivo. Durante 80 minutos demoledores, precisos y angustiosos, un total de 24 militares, expertos en inteligencia y empleados del Estado israelí cuentan a cámara con el rostro velado lo que han hecho. De noche, en silencio.

No se confiesan ni mucho menos piden perdón. Simplemente narran que, en una ocasión, para acabar con la vida de un supuesto terrorista, no tuvieron problema en asesinar en la misma acción hasta a 500 personas que nada tenían que ver con el objetivo. Es solo un ejemplo. Unos muestran algo parecido al arrepentimiento, otros exhiben algo parecido a la contrición y los últimos simplemente se dejan llevar por algo parecido a la culpabilidad, casi indistinguible de la simple desidia. Hablan de una forma de operar que ha acabado ya con la vida de 73.000 personas. Lo hacen desde una azotea de Tel-Aviv, "desde donde se puede ver sin ser visto". Lo hacen de noche. Lo hacen mientras, de tanto en tanto, el eco de una sirena antiaérea interrumpe la conversación. Hablan y un extraño silencio les consume. Al fondo, las vidas anónimas, tranquilas y acristaladas del pueblo de Israel. De noche, en silencio. Naza, por cierto, es la palabra utilizada por el Estado israelí para --eufemismo por eufemismo-- denominar a "los daños colaterales".

Naza es una película en la que no se para de hablar y que, sin embargo, atesora toda su fuerza en cada uno de los diminutos silencios que esparce sobre la conciencia del espectador

"Todo empezó cuando Rachel y yo vimos cómo nuestro gobierno y la sociedad israelí en buena parte empezaban a hablar de la gente de Gaza con un lenguaje que afirmaba que allí no había inocentes, que todos merecían morir; un lenguaje genocida. Entendimos que era el momento de hacer algo", dice Yuval. Lo que se ve es el resultado de un trabajo de tres años desde 2023 a ahora mismo. Como los propios directores confiesan y así lo hace explícito la película, la idea no es señalar a nadie en concreto, sino a todos en general. Si No Other Land, más allá de los sufrimientos individuales, lo que hacía era definir la manera precisa cómo actúa un sistema para destruir viviendas y desplazar a la población; aquí, otro tanto. Pero desde el otro lado, desde el otro sistema. De noche, en silencio.

Los testimonios describen de forma puntual, sin dramatismo y con un gráfico improvisado sobre un bloc si es necesario, cómo desde los ataques de Hamas del 7 de octubre cambió todo. Entonces, la lejana posibilidad de ataques selectivos saltó ella misma por los aires. La orden era destruirlo todo. Se cuenta cómo el sistema de Inteligencia Artificial Lavender ha sido adiestrado y así es utilizado para fijar objetivos cuando las personas buscadas están en casa. Dos palabras cruzadas en cualquier conversación intrascendente como "casa" y "papá" bastan para determinar la diana. Uno recuerda que la bomba fue a caer cuando las hijas estaban solas en casa. El padre se dejó el teléfono olvidado. Otro reconstruye como utilizó las fotos almacenadas en el móvil para decidir dónde disparar el proyectil. "Era un selfi desde el balcón de la casa", comenta. Otro más se felicita por lo útil que resulta para su trabajo escuchar en una conversación ajena una frase tan corriente como "¿Dónde está papá?".

"Lo interesante es observar el control que Israel ejerce sobre los palestinos en general. Lleva muchos años haciéndolo", dice Rachel. Y en efecto, como recuerda la propia película con las poquísimas imágenes de archivo que se permite, el Estado Israel ha sido desde muy el principio el encargado de construir la red de teléfonos y comunicación de toda Palestina.

Un soldado reconstruye como utilizó las fotos almacenadas en el móvil para decidir dónde disparar el proyectil. "Era un selfi desde el balcón de la casa", dice

En la segunda mitad de Naza, tras la catarata de revelaciones a cual más demoledora (tanto en sentido real como figurado), los entrevistados se enfrentan, cada uno a su modo, a sus demonios morales. Llamémoslo así. Uno admite lo divertido que puede llegar a ser su trabajo y lo compara con jugar a un videojuego en una habitación con aire acondicionado. Otro no reconoce más culpa que la de cualquier otro funcionario público en su puesto de trabajo. Y el último lo desmonta todo. "Viajé a Polonia para ver un campo de exterminio e intentar entender algo. Ahora lo comprendo", dice. La sola comparación desnuda universos de culpa. En un momento dado, al fondo, se ve que la Cineteca israelí proyecta Shoah, la monumental obra maestra de Claude Lanzmann sobre el Holocausto. Y en medio, el silencio más profundo. Y la noche más oscura.

"Pensemos", dice Yuval, "en Netanyahu. Es un hombre que estudió en Estados Unidos. Allí se convirtió en una celebridad experto en terrorismo. Gran parte de su retórica se mantiene inalterada desde entonces hasta hoy". Hay un momento en la película en el que Netanyahu, a mediados de los 80, da su definición de terrorismo: el asesinato intencionado de civiles con fines políticos. "La definición que dio Netanyahu entonces es la que él mismo aplica ahora sobre Gaza", añaden los directores.

Imagen de Naza.
Imagen de Naza.

Naza es una película en la no se para de hablar y que, sin embargo, atesora toda su fuerza en cada uno de los diminutos silencios que esparce por la noche de Tel-Aviv sobre la conciencia del espectador. Son apenas 80 minutos de revelaciones monumentales y tremendamente crueles y lo que cuenta, en verdad, es algo tan básico como lo inaceptable del asesinato; una certeza que nos incumbe y nos señala. "Por supuesto que el pueblo israelí sabe lo que está pasando. Hasta cierto punto todo el mundo es consciente. Lo dicen las encuestas... Pero tal vez la película también hable de la actitud de Occidente en general a lo largo del siglo XX y frente al colonialismo. No es muy distinta a la de Israel ahora". Era eso. De noche, en silencio.

En una rueda de prensa, Abraham declaró: "Simplemente les pedimos a estos oficiales y soldados que nos describieran lo que habían hecho. Por supuesto, surgieron otras preguntas, pero la principal era una cuestión de detalle: que nos lo dibujaran, queríamos saber cómo funcionaba. Y a veces, solo con hacer la pregunta, obtienes respuestas".

En una entrevista con 'Variety', Abraham añadió: "Como israelíes, sentimos que queríamos aprovechar la posición que tenemos, el acceso del que disponemos a personas de nuestra propia sociedad que fueron al Ejército, para examinar ese sistema mientras llevaba a cabo lo que todas las organizaciones de derechos humanos califican de genocidio".